lunes, 17 de octubre de 2022
domingo, 31 de julio de 2022
Dies irae
Ha caído en
el fondo del Barranco lleno de furia, lleno de rencores, se ha colapsado desde
dentro, no pudo consigo mismo, no pudo arrebatarse desde la mirada tantas veces,
tampoco desde las palabras el placer de redimirse en carne propia. Una botella
rota, olor a alcohol desde las entrañas, sangre fresca en la boca, la gran
mentira de partir sin dolor, el primer paso afuera de un alma encarcelada,
encerrada en su propia anuencia, atrapada en su propio silencio; esto se pudrió
desde dentro como viseras en conserva, empapadas de sangre, escurriendo olor a hambre
que no cede sino desde la vehemencia. Puedo ver el lado brillante desde la
penumbra, mientras se cierran las cortinas al alba.
Dónde el mar finaliza en aquella fosa tallada con las olas, un hedor en la penumbra se expone al salir el sol, un llanto ahogado por la marea que irrumpe, un secreto de la sociedad cautiva, de la sociedad que lo vio crecer y convertirse en sombra por las noches.
Un viejo
ataúd me carga en pedazos al sepulcro mientras siguen sin descifrar un delito
cometido por el desahogó lento y asfixiante, caras largas, desconocidas, risas
indiscretas, secretos y la calumnia se pasean en vestido de gala la noche de
velo, la gran invitada a traído uno más al eterno silencio, Pandora sigue ahí inundando
de llanto la cita social, la noche de los reencuentros.
Uno más en
el libro de registros, llueve mientras van abandonando el recinto; la hora de
repetir el arrepentimiento del pecado ha llegado, música y canciones dan la
oportunidad a esas altivas en pulcritud, señoras de buenas costumbres dan el
voto de su pureza a la vida que se fue, tanto desdén de hipocresía y falacias, la
conmovedora vista de una madre en duelo, el desolador rostro de un padre
confundido, no obstante, al escribir las últimas líneas de un epílogo angustiante,
cae la lluvia sobre el campo que guarda mi sangre, vida crece. El tiempo sigue
su curso. Lo que es será, lo que será Consumatum est.
Tiempos de inocentes solos por las calles, ser un joven solitario nunca fue tan complicado, todas esas atracciones que no pude gritar encerradas por obsesiones, el viejo camino a lado de la habitación a la que todos creían que no volvería. Mi viejo amigo olvidado. Sobre aquella carta, la vieja ola al fondo del oceano, no es una botella, es sólo un espectador.
Nunca permití que escucharan lo que pienso, lo tuve todo donde prevaleció lo atroz, hijo de la circunstancias le corté con afilada arma el alma por los brazos. Ella confundida y asustada veía detrás de mi esa sombra que me perseguía, como cabeza rodante escrita por Fuentes, los últimos segundos a la orilla de un abismo se consagró las últimas declaraciones, explicaciones no pedidas, lo que se dice a uno mismo antes de morir. No cabe la menor duda que en la sangre parte el alma y en su último bastión el cerebro otorga la última gota de endorfinas. Un último y tenue segundo dónde el perdón no se decide. Aquí donde los gusanos se alimentan de la carne, donde los horrores de la podredumbre corrompen lo estético y abren paso a la naturaleza, se colapsa y obnubila la mirada. Se cierran los ojos.
Se suplica clemencia a lo divino, dónde la caridad es sustento del mayor deseo. En todos lados se escucha por la abadía el cantar del perdón, la venida del juicio. Dies irae.
domingo, 26 de junio de 2022
Nighthawks
Me recostaba en la habitación helada y vacía con los puños cerrados, tenía sólo unos minutos para cerrar los ojos y volver a los pasillos que esperan mi sombra justo antes del amanecer. El descanso no es una opción y la mente se llena de inquietud. Cierro los ojos con la esperanza de un segundo de silencio, mis pensamientos giran en torno a la memoria de esos días y la realidad que me envuelve ahora. La oscuridad se apodera de alrededor, pequeñas luces resplandecen como estrellas en un distorsionado universo, parpadean y se extinguen; castañuelas, clave y xilófono en un eco distante, se escuchan las aves de un día lluvioso y percibo la humedad en el viento que acaricia mis parpados. Aquí dónde reina la quietud, en medio de un campo nocturno, así se siente la soledad acompañado de un desesperado grito guardado en el pecho, creyendo mirar la eternidad en un campo imaginario. Aún no puedo desprenderla de mi mente, sigue estando ahí. Sigue estando ahí la esperanza de encontrarme.
El miedo a quedarme en la eternidad me despierta, tomo un baño de agua caliente, me visto en medio de la somnolencia y el agotador sentido de desesperanza. Me coloco la loción de siempre. El conjunto de todas las semanas. Tomo mis cosas y voy a escribir mi análisis. Siento mis manos frías, un dolor de espalda como sí hubiese cargado una maleta todo el día, miro al reloj, casi es hora de revisar expedientes, miro los mensajes donde no hay nada que destacar. Camino al tocador y me miro al espejo, veo el tiempo en mi rostro y me pregunto como será el día siguiente y el que sigue de este.
Nada en una guardia es predecible, llega un enfermo con dolor y nauseas, se hacen algoritmos, se miden y se integran protocolos, se ingresa y se avisa al adscrito. Es casi de día y no he terminado aún. Escribo con lentitud, no comprendo lo que quiero hilar en oraciones. Así se queda, así se presenta.
Llegan a la ceremonia invitados y participantes, el director inicia a la hora exacta, se elevan las presentaciones y los casos clínicos. Las emociones aquí no importan y sin embargo, es un hervidero de frustraciones y desanimo colectivo. Termina la obra con un agradecido auditorio, vuelve a la vida los pasillos y un día muere tras de sí.
Un recuerdo, un día más es un día menos.
viernes, 10 de junio de 2022
Postales
I
La verdad no es como la vemos, sino como la recordamos. No hay consuelo en la lejanía y la distancia sólo encarceló el deseo de romper las molduras de la historia contada a medias, y a pesar de esta prisión dónde encierro lo que fue, me cuento de vez en vez todas esas virtudes que te enaltecen y tanto temiste te endiosaran, siempre me ha hecho sentido que no hay desperfecto en pensarte así, en tu simpleza que te hace tan extraordinaria. Y hasta en los más oscuros pasadizos de mi mente quién camina tras tus huellas, como Orfeo a Eurídice, descendí en lo más hondo y oscuro sin miedo a mirar atrás, camino a encontrarte en aquel lago. Todos los yermos enverdecen algún día, y he ahí en el rincón de ese recuerdo es dónde sigue esperando que Enero nunca termine.
II
La maldición de la memoria, la del recuerdo no consagrado y esa maldita imagen que me ha vuelto a quitar el sueño. Me he tratado de convencer en que las palabras se vuelven cada vez menos. Y es que no es esta una carta intencional como una de tantas que se quedaron en su buzón, sino la necesidad de escribirle me despertó sin nada extraordinario que contarle (y aquí me tienes) con el suspiro que me ha vuelto a robar, motivo de sobra y de nuevo suficiente para traerme a la pálida pantalla hasta que la mañana disipe la penumbra de la noche.
III
Quizás algún día deje de esperar tan ansioso un reencuentro o tenga que aceptar el trágico final que acompañe esa lista de películas que perderán su magia sin ese hilo que aún queda entre ambos. Tal vez, el tiempo no vuelva a ser tan veloz para alcanzarnos. Tarde o temprano se terminó en un hasta luego; este mi susurro de noche. Un silencio pacífico y su tono de voz que se escucha al cerrar mis ojos.
IV
No puedo olvidarla, no puedo convencerme de que el destino es uno y los deseos son dimensionalmente tan distantes. Es probable que no vuelva a verla, sin embargo le dije te amo y ese es para siempre.
jueves, 26 de mayo de 2022
Lost and found
Quedaba poco para tomar mi salida hacia casa, partía desde la calle que la despedía con melancolía y esperanzas de un nuevo amanecer en la región más transparente del aire, me acercaba cada vez más al recuerdo de las guardias fugaces llenas de tedio, el reloj después de tantos desvelos hace en memorias minutos. Por mi mente una y otra vez pasaba la idea de leerla. Mi necesidad de saber sus pensamientos despertaba mi inquietud; estaba tan cautivado de ella, siempre acompañando sus sonrisas con esa desafiante actitud, me engañaba pensando que mis deseos de escribirle eran sólo un intento fallido de simplificarla.
Inmediatamente su imagen de perfil, ése recuadro inanimado era incesante, su sentido del humor, su orgullo, su sutileza y sus frases, nuestras frases. Un pasadizo su personalidad a mi monótona quietud. Un guiño intelectual a mis instintos casi esclavizados. Día con día le escribía más, no tardó mucho para que nuestra conversación fluyera tan reciproca en curiosidad, en insinuaciones, en improvisaciones, en gráficos animados y corazones color amarillo.
Eran sonrisas y la compañía que arrojaba al aire los sentimientos de éste su proclamado ya tórpido y ciego admirador que con cariño le escribía. Luego las realidades, los ciertos y precoces momentos de saber quienes éramos, ambos aspirando a ser distintos y tan parecidos. Los dos con similitudes en contra peso de lo imposible.
Mirarla, imaginarla y pensarla han sido de las mejores experiencias de este recuento de vivencias, por que tal vez, no sólo me evoca tanto a escuchar the radio dept, a ver cuadros de Magritte con detalle en su recuerdo o encontrarle sentido existencialista a C'mon C'mon; sino por que la naturaleza entre tanto caos y la vívida sensación de felicidad involuntaria que coparticipan en esta aventura se correspondían en dos coincidentes que debieron ser. De ella, quién en su recuerdo llevo conmigo su jovial sonrisa y su tierno querer. De mi, ahora un simple operario de esta historia que no quiere perecer solo en un recuerdo.
Una luz en la esquina del móvil que avisa una notificación, es ella y espero sea ella.
viernes, 1 de octubre de 2021
Sin la misma prosa, ni los mismos interminables soliloquios; los años me han vuelto prudente y las fallas me han hecho más sabio, aún tratando de alcanzar las palabras del predicador que aún lejos estoy de alcanzar, no obstante tendido de un hilo que como péndulo oscila entre el bien y el mal, no he vivido en excesos ni tampoco en demasía prudencia, a pesar de conocerme y saber como tiendo secreta y constantemente mi auto sabotaje, soy un liberador de impulsos y redentor de mi propio silencio. Esos anhelos materiales y emotivos ya no son más; han cambiado por algo menos tangible, algo que me llena de paz interna, ese deseo inmediato de conocer por conocer, enterrar mi mente en las preguntas existenciales que aún viven en mi, la ciencia como medio y el escriba del arte como motivo. Me duele más que nunca salir al mundo real, ese detrás de la belleza moderna donde el humano es cada vez más humano, cada día menos natura, cada día más machina. Vivir y tal vez un día, curar.
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